CENIT portavoz de la regional exterior de la cnt-ait

"SI CADA REFUGIADO ESPAÑOL NARRASE SIMPLEMENTE LO QUE HA VIVIDO, SE LEVANTARÍA EL MÁS EXTRAORDINARIO Y CONMOVEDOR DE LOS MONUMENTOS HUMANOS" FEDERICA MONTSENY, 1978

20 junio, 2006

CeNiT 985: 14 Abril del año 1931


Mozalbete, a mis 11 de edad, con mi padre, hombre cultivado, fiel a su ideal republicano, siempre asistía y frecuentaba toda clase de conferencias o asambleas con ansias de saber y emanciparse en tanto que obrero pobre, mejor jornalero de la glieva.
Con jornadas de 10 y más horas de trabajo por un salario de 6 pesetas diarias, lo llamaban cuando les hacía falta, a su convenencia, y te despedían cuando querían sin percebir ninguna clase de pensión: hasta luego.
Mi padre era un hombre tolerante y comprensivo. Respetaba para que lo respetasen. Le gustaba leer. Amante de la cultura, tal vez apolítico, creo haber leído algún diario y revista ácrata. Cuando salía para ir a oír alguna conferencia, me preguntaba si quería ir. Su compañía me era muy agradable, carácter simple, nunca mi presencia le estorbaba, ni menos molestaba. Mi presencia le era agradable, quizás mi carácter, calidad frente a otras personas menos cultivadas a menudo muy difícil de alternar con buena relación amistosa.
El día 14 de Abril del año 1931 se celebraban las elecciones municipales. Borjas Blancas era la cabeza del partido, representando 25 pueblos. Aquella primavera fue muy agitada, cargada de muchos y diarios disturbios, inquietudes, causas a la disciplina y la censura de las autoridades de la dictadura imperante de aquella época.
El día 13 de abril, aquella noche, con un poco de memoria y de esperanza óptima especie poema, inspirados de ilusión. Quizás un sueño realizable.

Después de un letal invierno
veíamos despertar, anunciando la
[primavera,
un monte de almendros florecidos
que en medio de la olivadera
forman un conjunto harmonioso
perfumado y bonito, encantador.
Cómo es gratificante la natura
en ofrecernos panoramas tan bellos
[y significativos
Todo el sur del pueblo es un bello
[mirador
de sierras y plantas todo lleno de árboles
todo verdes y florecidos para darnos
sus frutos sabrosos, dulces y
[vitaminados

En estos momentos yo quisiera
[dormirme
y mientras tanto soñar
de una nueva y hermosa primavera
florecida en el seno de la Humanidad
una nueva sociedad de Paz y Libertad
sin amos ni esclavos, todos iguales
sin pobres ni ricos, tolerantes
[respectuosos
Y si todas estas inquietudes se
[convirtieran
en realidad, desearía en estos
[momentos
despertar de este sueño.
El día 14 de abril fue un día muy largo, interminable, en espera de la hora del escrutinio. Optimistas con la esperanza en nuestra victoria, fue el pueblo, los trabjadores que votaron en contra de la lista de aquellos caciques y explotadores, con el triunfo de las fuerzas de izquierda republicana, que representaba el líder catalán Francisco Macia, acompañado de hombres políticos, con mucha facilidad de palabra, buenas en promesas, nunca realizadas para llegar al poder y satisfacer sus ambiciones personales.
Luego se celebró el triunfo. Cuando tenía que hacer una visita a Macia, de antemano se le preparaba como un rey, los vecinos del pueblo, era algo de extraordinario, el hombre agradable, adorado de las gentes, jóvenes y grandes de todas las edades, llorando de emoción y alegría, emocionados, pensando que quizás habría un cambio de un mundo mejor.
Poco a poco las promesas pasaron en el saco roto, y la ley del más fuerte está contra el más débil, y la vida continuó las promesas fueron muy escasas, por no decir nulas, inexistentes. En aquel inborrable mes de abril, a los 16 años, mi padre joven aún a los 50 años, en una operación al estómago, al tercer día dejó de respirar. Nos quedemos extenuados, con pena y doloridos con la pérdida de nuestro padre. A mi madre no la podía consolar, no tenía la fuerza moral para animarla, frente a una situación precaria, moral y material, pobreza y miseria sin ayuda de ningún organismo solidario, ni ayuda de nadie. Fue algo triste, desolador.
Al perder las elecciones los caciques sabotearon el empleo, y al ser republicano no te daban trabajo. Delante de mi casa vivía un contratista, ocupaba bastantes albañiles y peones. Fui a encontrarlo y le pedí trabajo, y ante nuestra miseria me dijo que, por mi jornal sueldo de 3 pesetas por 8 horas de trabajo diario.
Mi madre encontró trabajo en casa de gente rica, para lavar ropa y limpieza, por lo cual con los dos miseros salarios pudimos hacer frente para resolver nuestra precaria situación.
Teníamos un huerto con agua abundante para regar, y en mis horas libres iba a cultivar la tierra, y con la ayuda de un abuelo aprendí a sembrar y replantar toda clase de legumbres biológicos, sin azotes químicos de ninguna clase. Media docena de gallinas, y unos conejos íbamos a recoger hierba y espigos por los campos abandonados.
Mis abuelos no cotizaban nunca, y en tal caso no percibían ninguna pensión de retiro. En aquel entonces no existía ningún organismo, sólo la explotación del dueño. Y ya de edad mi abuelo tuvo que dedicarse a cultivar la huerta, trabajo duro, y con la fuerza de los brazos, entonces no había la máquina. Sembraba y plantaba toda clase de legumbres biológicos del productor al consumidor, y yo, cuando la gente acomodada le pedían legumbres, cuando salía de la escuela, iba a llevarle el carretillo cargado con dos o tres grandes cestas, y lo llevábamos a domicilio.
Una vez terminada la guerra civil, yo tuve como muchos abandonar nuestro país y mi madre y hermano los recogieron y terminaron su vida, en su casa, con el cuidado de mi madre, con todo el respeto y cariño, hasta su último suspiro.
Por Ramón Griñó