CENIT portavoz de la regional exterior de la cnt-ait

"SI CADA REFUGIADO ESPAÑOL NARRASE SIMPLEMENTE LO QUE HA VIVIDO, SE LEVANTARÍA EL MÁS EXTRAORDINARIO Y CONMOVEDOR DE LOS MONUMENTOS HUMANOS" FEDERICA MONTSENY, 1978

19 noviembre, 2006

CENIT: Siempre con los recuerdos que son la Historia


por Josep LLADÓS

Sobre los campos de concentración se ha hablado muchísimo, y todos los de nuestra edad sabemos lo que representan para nosotros.
Pasé la frontera por la Preste, al lado español las últimas casas eran de Molló - fue el 13 de febrero 1939 a las 16 horas. El primer pueblo francés fue Prats de Molló: hambre, nieve y barrizal, más el frío; tres semanas en esa dramática situación.
Un buen día llegan a lo alto de la carretera unos cuantos camiones del ejército, y a mí, con muchos otros, nos mandaron subir, sin saber adonde nos llevaran. Bajemos de ellos en Agde, campo n° 1, donde los refugiados españoles habían construido barracas. Yo entré en una de ellas, tomé plaza, las cocinas estaban organizadas; no se comía mucho, pero era a las horas normales y no era para morirse.
Llegó gente, y más gente: se formó el campo n° 2, y el 3 dicho de los Catalanes. En los tres campos como en los otros había hombres de todas las edades, y categorías, ya se empezó a organizar el fútbol en los tres campos, mas, en el n° 1 se practicó el atletismo, se formó un caro, yo mismo tomé parte, los actores de teatro con su sabia experiencia nos hicieron apreciar sus dones, delante las autoridades del campo y de Agde, con la pieza catalana de la Reine a Relliscat. Antes, como entrada en materia, hubo cómicos; también el bailador andaluz de fama importante, que se llamaba Chorramuno, el cual podía salir del campo cuando quería, y los vascos eran diez a doce. Fue una noche que yo no la he olvidado aún hoy, y tenía 20 años - hoy 86.
Volviendo al fútbol: en los tres campos se hizo terreno, en el n° 1 se arrancó piedras de más de una tonelada, se allanó y ví allí partidos memorables, que los buenos jugadores no faltaban. Pero tengo que hablar de uno especialmente, que se llamaba Cañadas. Ese jugador era, yo creo polio-melitio de la pierna izquierda, cojeando fuertemente, y los extremos derechas para pasarlo tenían que ser muy, muy listos… no citaré más. Se hizo una selección de los tres campos y afrontaron el equipo de Agde con autoridades y dirigentes; fue un gran éxito.
El no tener nada que hacer era lo más malo: paseando el aburrimiento me di cuenta que había un grupo que salía, me aproximé y les pregunté si podía ir con ellos. Me dijeron que sí, iban a Agde a hacer excavación para el museo de esa ciudad. Un día nos pidieron si queríamos visitar el museo. Dijimos que sí. Allí vi desde la puerta de una habitación mirando adentro una vista de la mar azul y una salida de sol maravillosa, y a media altura una gabiota en vuelo inclinado, que aún me pido hoy como tenía, pues yo no ví nada. Esa pintura supimos que la había hecho Joan Miró, bien conocido internacionalmente, eso también se clavó en mi cerebro. Miró era también refugiado como nosotros.
En este museo, en la parte del jardín, ví allí sentado en una silla al director y un refugiado español escultor, haciéndole su busto. Otro buen recuerdo.
Un día, al llegar a Agde, nos dijeron esperar antes de ir a entretenernos, y pidieron un voluntario. Nadie salió, y levanté el brazo; el resultado fue que me llevaron al cuartel de la gendarmería para pasar la balleta una vez que uno a varios de ellos se habían duchado. Pero el caso es, que cuando llegaban, tiraban colillas y medios cigarrillos. Yo no era fumador, pero me transformé en recogedor de colillas, las cuales me habrían podido servir, trasformadas en pitillos y venderlos al estraperlo existente en el campo. Pero no, no era eso lo que había aprendido en la CNT. Al volver a Agde, todos los amigos de mi pueblo Alcarrás estaban a la alambrada esperándome. Al verlos me salía del grupo, les daba las colillas , y contentos iban a fumarlas entre ellos. El gendarme, que nos acompañaba nunca me dijo nada, bien recuerdo aún.
En ese cuartel, por aquellos años, vaciaban la basura de las familias en un espacio apropiado para ello. Para los franceses era aún la abundancia de todo, y un día pensé que lo que echaban a la mejor encontraría un poco de pan. Y allí fui, al montón de basura, en los momentos que no tenía nada que hacer, y eran muchos, desde un piso alguién me vió, que buscaba algo para comer - la gente sabía que los españoles de los campos comían poco. Y un día, al llegar al montón, ví un cubo que alguién vació, y a la parte superior ví enseguida un pequeño paquete con buen papel blanco, y pensé que una alma caritativa me enviaba algo para comer de forma indirecta; cogí el paquete, al dehacerlo enseguida ví dos rabanas de buen pan blanco, tiré el papel por tierra, separé las rebanadas y ví una tortilla de huevos, yo estaba más que contento. Pero cuando me dí cuenta que encima de los huevos había pelos de donde yo pienso, y cabellos, miré las ventanas: no ví a nadie, pero seguro que a mí me estaban mirando, la adrenalina subió de una forma tan intensa, que todo lo tiré a tierra y no volví más a visitar el montón de basura. Y si encontrase un día la persona que me hizo esa mala jugada, la cogiera en mis brazos y juntos reiríamos, yo al menos, rencor ninguna.
Agde está al departamento del Hérault, país de casi exclusivamente de viñas, y como ya había habido buena parte de movilización, puesto que en lo internacional las cosas iban mal, nos hicieron salir a vendimias, subidos en camiones, y nosotros contentos, dejando a cada pueblo el número de hombres, que habían pedido. A mí, con 24 más, nos tocó el pueblo de Autignac, un consejero municipal me cogió, "Monciur" Ruls, el cual me dijo durante las tres semanas de vendimia a lo menos veinte veces que me sacaría del campo. Enseguida comprendí que me lo decía para estimularme al trabajo, yo ya hacía todo lo que podía, sus palabras no tuvieron ninguna consecuencia para mí.
"Monciur" Ruls se ayudaba con otra familia, la cual tenía su hijo movilizado esa otra familia consistía en los dos, padre y madre, y la nuera esposa del movilizado, a la cual durante el tiempo que duró la vendimia no le dije nunca una palabra, ni me dijo nada. El día antes de volver al campo buscó y encontró la ocasión, sin que nadie le supiera, y me dijo: mañana vendrás a mi casa, y me explicó. Como ella vigilaba encontré fácilmente, me hizo entrar, pero como yo no hablaba más que algunas palabras de francés, y ella hablaba ni el español ni el catalán, no hubo conversación. Al cabo de 20 minutos sentados uno delante del otro sin decir nada, me levanté, y antes de decirle au revoir Madame, me dió una placa de chocolate y dos paquetes de pastas. Le dí las gracias y me fui. Seguramente, que esa mujer de 28 o 30 años quizo hacer conmigo lo que ella deseaba que otros la hicieran a su ausente esposo adonde se hallaba.
Muchos años pasaron, yo siempre con el recuerdo de lo que me dió, y al llegar a mi retiro en Bergerac, busqué a Monsieur Ruls. Había desaparecido a Autignac; busqué la otra familia, los dos padres y la nuera, y encontré al marido de la nuera, el que estaba movilizado. Me presenté por teléfono, le expliqué que su esposa me había dado chocolate y pastas y que ahora que hablaba un poco el francés, quería darles las gracias de forma más expresiva. Su respuesta fue: C'est que ma femme est décédée (es que mi mujer murió). Esa noticia me puso muy triste, pues tenía la ilusión de poder hablar de aquellas tres semanas de vendimia, aún me dijo ese hombre de que podía ir a su casa cuando quisiera, pues tenían por tradición de recibir la gente como se debía. Nunca más he vuelto a Autignac.
En conclusión, es por decir que en el Campo de Agde n° 1 aprendí bastante, y ví hoy muchas cosas que en mi pueblo de entonces 2.000 habitantes no había visto nunca.
También eso se tenía que decir, si es posible antes que desaparezca nuestro querido CeNiT.
Bergerac, 29/09/2006